
Surf en Famara
Lanzarote
Cuando el viento alisio sopla desde el noreste y las olas rompen contra los 6 km de arena dorada de Famara, entiendes por qué esta playa se ha convertido en la meca del surf en Lanzarote. Respaldada por los acantilados verticales del Risco de Famara (600 metros de pared que caen al mar) y con vistas a la isla de La Graciosa, es uno de los escenarios surferos más espectaculares de toda Europa.
Olas para todos los niveles
Famara ofrece condiciones para todos. La zona central de la playa, con fondo de arena, es perfecta para principiantes: olas largas y suaves que permiten ponerse de pie desde la primera clase. Hacia el norte, la ola de San Juan sube de nivel para surfistas intermedios. Y en los arrecifes de La Santa, a pocos kilómetros, los expertos encuentran izquierdas de clase mundial que han acogido competiciones internacionales.
Caleta de Famara: alma surfista
El pequeño pueblo de Caleta de Famara es el corazón de la cultura surf de Lanzarote. Calles de arena, casas bajas encaladas, escuelas de surf en cada esquina y cafeterías donde el café se sirve con vistas al mar. Aquí no hay grandes cadenas ni hoteles de lujo: solo surfistas, artistas y viajeros que encontraron su lugar y decidieron quedarse. El ambiente recuerda a las poblaciones costeras de California en los años setenta.
Las escuelas de surf de la zona ofrecen cursos para todas las edades y niveles, con material incluido y grupos reducidos. Los instructores conocen cada rincón de la playa, cada corriente y el mejor momento del día según la marea. Una clase de dos horas es suficiente para que la mayoría de principiantes se ponga de pie sobre la tabla.
Las mejores condiciones para principiantes son con marea media-baja. Las escuelas ofrecen clases desde 35 € (2 horas con material). Respeta siempre las banderas y las indicaciones de los socorristas: la corriente de resaca puede ser traicionera. Después del surf, El Risco es el restaurante con mejor vistas del pueblo.
Atardecer en los acantilados
Si el surf no es lo tuyo, Famara tiene otro regalo: el Mirador del Río (otra obra de Manrique) y las rutas de senderismo por la cima del Risco ofrecen panorámicas de vértigo sobre la playa, La Graciosa y el archipiélago Chinijo. Al atardecer, cuando la luz dorada tiñe los acantilados y los surfistas se convierten en siluetas sobre las olas, el espectáculo es difícil de superar.
Famara no es solo una playa: es un estado de ánimo. Aquí el reloj se detiene, las preocupaciones se las lleva el viento y lo único que importa es la próxima ola.
Consejo LIVVO: Incluso sin surfear, merece la pena al atardecer.
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