Saltar al contenido
Betancuria

Betancuria

CulturaFuerteventura

En 1404, el normando Jean de Béthencourt eligió un valle escondido entre montañas para fundar la primera capital de las Islas Canarias. La elección no fue casual: lejos de la costa y protegido de los ataques piratas, el valle ofrecía agua, tierras fértiles y una posición defensiva natural. Más de seis siglos después, Betancuria conserva ese aire de refugio secreto que la hizo capital.

Un pueblo detenido en el tiempo

Pasear por Betancuria es sumergirse en la historia de la conquista de Canarias. La Iglesia de Santa María, construida originalmente en el siglo XV y reconstruida tras el saqueo del pirata berberisco Xabán Arráez en 1593, preside la plaza principal con su fachada blanca y su torre de piedra volcánica. El Museo Arqueológico y Etnográfico ocupa una antigua casa señorial y alberga restos de la cultura aborigen majorera, incluyendo ídolos de barro y grabados rupestres.

Betancuria, la primera capital de Canarias, se refugia en un valle entre montañas.
Betancuria, la primera capital de Canarias, se refugia en un valle entre montañas.

Las calles empedradas serpentean entre casas de piedra con balcones de madera, buganvillas y patios interiores. Apenas viven 200 personas en el pueblo, lo que le da una quietud que contrasta con el bullicio costero. Los restaurantes locales sirven comida majorera auténtica: carne de cabra en salsa, queso asado con mojo y potaje de berros.

Visita Betancuria a mediodía para comer en alguno de sus restaurantes con terraza (Casa Santa María es el más emblemático). De camino, para en el Mirador de Morro Velosa y en las Cuevas de Ajuy, con sus acantilados de roca negra junto al mar.

Betancuria es el alma histórica de Fuerteventura: un lugar donde el silencio habla de siglos de historia, resistencia y vida isleña.

Consejo LIVVO: Combínalo con el mirador de Morro Velosa en la misma ruta.